
Antigua es de esos sitios que jamás te imaginas si no lo has visitado. Antes de llegar, José Raul Barrios, mi amigo de viaje y guía durante la correría, me dijo: “llevo un libro para entretenerme mientras haces fotos. Estoy seguro que lo voy a terminar antes de que vuelvas.” “Tan exagerado!” pensé yo.
Lo que no me imaginé es que al llega a Antigua fuera a encontrar ese paraíso de colores, mezcla de arquitectura formada por ruinas y construcciones de casas neocoloniales que le otorgan el honor de ser Patrimonio de la humanidad por la UNESCO.
Antigua te deja pasmado desde la misma llegada. Sus calles empedradas te animan a caminarla, más que a recorrerla en carro o en los famosos tuc tuc, motorizados típicos de la ciudad y del país. La ciudad cuenta aproximadamente con 44 mil habitantes, y una población flotante que puede triplicar facilmente esa cantidad.
Al llegar, mi primer sorpresa fue ver uno de los enormes e imponentes volcanes botar poderosas fumarolas que te dejan frío, sobretodo para aquellos como yo que jamás hemos visto un volcán todavía activo. Es literalmente como ver un péndulo y quedar hipnotizado por su movimiento. Era difícil despegar los ojos frente ante tanta belleza y magnificencia.
Pero después de eso, aun cada vez que el Volcán de Fuego eruptaba (por decirlo así) yo disparaba mi cámara como si fuera la primera vez. Y entonces te adentras en una ciudad contagiosa de colores y formas, muchas de ellas moldeadas por fenomenos naturales que hacen de la ciudad un verdadero paraiso visual.
Las nubes juegan permanentemente con los volcanes, generando espectáculos visuales incomparables. Sus nombres, Agua, Fuego y Acatenango, generan en el espectador emociones encontradas entre temor y respeto. Estos colosos ofrecen un paisaje espectacular para la ciudad y son el principal atractivo para los amantes del senderismo y la aventura, destacando por sus imponentes vistas, cráteres y constante actividad eruptiva.
Textos y Fotos: Jorge Iván Vásquez C.

Antigua se mueve a paso lento. Es como vivir en una ciudad donde no pasa el tiempo. Con casi 500 años de historia, la ciudad brinda una riqueza cultural e histórica únicas; verla recuerda en parte el casco histórico de Cartagena de Indias, o los pueblos suramericanos enclavados en la mitad de los Andes, pero con una gran diferencia: A Antigua la protegen 3 imponentes volcanes que la custodian a sol y sombra. De hecho parecen hacer parte de la ciudad, así no se encuentren tan cerca. Su belleza colonial es abrumadora y no por nada fue durante su desarrollo y crecimiento conocida como una de las tres ciudades más bellas de las indias españolas. Con una historia de movimientos telúricos que la han marcado (el último gran terremoto que la marcó fue en 1976), la ciudad ha sido la tercera capital del país, conocida en su momento como Santiago de los Caballeros, y el rey Felipe le extendió el título a “La muy Noble y muy Leal ciudad de Santiago de los Caballeros de Goathemala” (Goathemala era su forma de ser escrita anteriormente). Antes de ella, dos capitales fueron arrasadas, una por una inundación y la anterior, Iximche, abandonada por sus habitantes.
Creado en un momento en que el convento se quedó corto en tamaño, el Arco del Antiguo Convento de Santa Catalina es una hermosa obra arquitectónica. A través de él las monjas pasaban de un lado a otro del convento sin ser vistas, ya que era un convento de reclusión.
En su momento se pensó en construir un túnel para solventar el problema de espacio, pero al final se decidió construir una pasarela en forma de arco.
La construcción fue en 1693, ochenta años después de iniciada la construcción del convento. Aunque sufrió daños con los terremotos de la época, la estructura permanece en pie sin mayores molestias y en casi perfecto estado.
En su parte alta se divisa un reloj, marca Lamy Amp Lacroix, de origen francés. Ahora el convento es un hermoso hotel colonial.


La plaza central nos regresa a las épocas coloniales donde las grandes carrozas recorrían las calles, manteniendo su estructura de la época

3 volcanes, uno de ellos activo, ofrecen recorridos para avistar desde otra perspectiva la ciudad y sus alrededores.

Hotel, casa y museo, es uno de los lugares más representativos de la ciudad.

Debido a sus múltiples terremotos, lo que fue en otro momento la capital del país, deja en sus ruinas toda una evidencia de lo mágnifica que fue Antigua hace 200 años.

La ciudad cuenta con una gran población flotante de visitantes, por lo que es posible encontrar gastronomía para todos los gustos.

Una de las iglesias más imponentes de la ciudad tanto su fachada como sus interiores, sitio obligado de visita.

Dicen que el que lo vive es el que lo goza
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