
en ese año fue cuando el cuarto guru de los sijes excavó un estanque al que llamó Amritsar, que quiere decir piscina del nectar de la inmortalidad.
Además de mi intención de buscar historias para contar con mi cámara, quería encontrarme con la espiritualidad de la que todos me hablaban, un lugar para reflexionar y tal vez descansar del caos que es India. Algo más de un mes viajando por varios estados de este gran país y ya me empezaba a sentir agotado. Llegar a la ciudad sagrada de los sijes me emocionaba.
Al salir del aeropuerto, tomo un tuk-tuk que sortea vacas sagradas, bicicletas y gente, mucha gente, como casi toda ciudad en India. No veo nada diferente a lo que ya he visto en todas partes, excepto que todos los hombres llevan su cabeza amarrada con elaborados turbantes de colores, incluyendo los niños que recogen su pelo en forma de moña debajo de un turbante azul.
A medida que avanzamos, se hace más difícil transitar en medio de la gente. El conductor me explica que estamos muy cerca del Templo Dorado y que la aglomeración de gente cada vez será peor, dice que es mejor que camine al hotel.
Sin otra opción, tomo mis maletas y empiezo a caminar, un poco decepcionado de lo que creía, era una ciudad tranquila, pero con la curiosidad de visitar el famoso templo.
En la India se encuentra uno de los lugares más exóticos de la tierra. Arquitectura, paisajes y un alto nivel de espiritualidad, convergen en este hermoso lugar.
Textos y Fotos: John Quintero

Después de descansar un poco, decido salir al templo, situado a pocos pasos del hotel. Empiezo por dejar mis zapatos en una portería y luego cubrir mi cabeza con un pedazo de tela color naranja que me dan a la entrada. Un poco más adelante lavo mis pies y entro a lo que hoy por hoy, es uno de los sitios más hermosos y espirituales que haya visitado durante mis viajes: Harmandir Sahib, más conocido como El Templo Dorado.
EL Templo Dorado es para los sijes, lo que es Meca para los musulmanes o El Vaticano para los católicos. El sijismo es una religion de la India, fundada por Gurú Nanak (1469-1539), que se desarrolló en el contexto del conflicto entre las doctrinas del Hinduismo y del Islamismo durante los siglos XVI y XVII. Para los sijes, el templo dorado es el templo de Dios y visitarlo, la máxima expresión de fé.
Lo grandioso de este templo no está en lo majestuoso de su arquitectura ni en su templo principal cubierto de oro. Lo maravilloso es como uno se siente. Una vez se ingresa, la tranquilidad es única. En este templo todos son bienvenidos sin importancia de religión, sexo o raza. Es Agosto, y los turistas son pocos. Es fácil reconocer que no soy local. Toda la gente, tanto hombres como mujeres, quieren hablar conmigo, saludarme, preguntarme de donde soy y ofrecerme una taza de agua.
Un gran lago artificial, conocido como la piscina del nectar, está llena de feligreses que en sus orillas, oran de cara al templo y sumergen su cabeza en sus aguas sagradas. A pesar de toda la gente que hay, se respira tranquilidad, hermandad. Me siento tan bien acogido que me emociono. Empiezo a hacer fotos y en cuanto me doy cuenta, es la media noche.
Al día siguiente, muy temprano, regreso al templo. Sigue igual, lleno de gente, incluso me encuentro con amigos que hice la noche anterior y que durmieron en el templo. Allí hay acomodación gratis para quienes quieran pasar la noche. Incluso ofrecen literas a precios muy económicos para turistas.
Después de aprovechar la bella luz de la mañana, soy invitado a desayunar en el inmenso restaurante del templo. Un restaurante que sirve un promedio de 100mil comidas diarias gratis a visitantes, sean o no de su religión.
El sonido de los tazones, platos y cubiertos metálicos es ensordecedor a medida que nos acercamos al restaurante, donde sentados en el suelo, cientos de familias comparten dahl (sopa de lentejas) y chapatis (una especie de pan) servidos por voluntarios. La comida aquí servida, así como el mantenimiento del templo es completamente financiados con donaciones del público.
Después de tres días seguidos visitando el Templo Dorado, es hora de salir a los alrededores. La mayor atracción de la ciudad, aparte de su templo, son los Jardines Jallianwala Bagh, un parque donde se conmemora la muerte de cerca de 2000 indios por parte de soldados británicos en el año de 1919.
Amritsar esta situada a pocos kilómetros de la frontera con Pakistan, en donde diariamente, soldados de ambas naciones, realizan una ceremonia de cierre de fronteras que se ha convertido en atractivo turístico. El espectáculo casi circense, empieza con música popular a todo volumen y mujeres bailando, seguido de una demostración de poder sincronizado por parte de los ejércitos de cada país, que con vestuarios coloridos, se mueven bruscamente, intentando demostrar quien puede subir el pie más alto o fruncir más el ceño.
https://www.youtube.com/watch?v=XpdN7w-lucE
De cualquier manera, la ceremonia es entretenedora y una oportunidad grandiosa de hacer fotos de mucho colorido.

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